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domingo, 7 de junio de 2026

NEPOGIDATISMO

 





NEPOGIDATISMO

NEBULAR

El arte de procrear estrellas en el vacío

 

 

Orlando Escalona

 







Capítulo 1



El contundente “¡entonces renuncio!” retumbó en el aire. El impacto generado en los asistentes a la reunión de trabajo despejó la acústica de la sala de tal forma que, si la gravedad hubiese soltado una hoja seca en el vacío provocado por la exclamación, el estruendo de su caída los habría devuelto a la realidad. Pasaron segundos de parálisis absoluta. En aquel instante, todo cambió; la implosión se sintió en las oficinas adyacentes y recorrió los pasillos, laboratorios y talleres del decimoquinto piso. El silencio se apoderó de los espacios y solo un entrecortado “renunció” onduló como un susurro hacia el exterior. Impávidos, los directivos no lograban asimilar la sorpresa lanzada por aquel trabajador.

El remate de:

—Sí, y ya les traigo el oficio que tengo preparado —dejó por sentado que la decisión de Bergolio no tenía vuelta atrás.

Así terminó una reunión de trabajo bajo una pretendida propuesta impositiva de amonestación hacia uno de los colocados en el paredón

Bergolio no solicitó ningún derecho a réplica, sino que optó por levantarse y con un “buenas tardes, se les agradece el tiempo compartido”, se levantó de la silla y se retiró del recinto. A los veintitrés minutos exactos el documento fue dado por recibido por la asistente del director.

Mientras se retiraba, vino a su memoria aquel primer día que llegó a la institución. Cinco años antes había intentado ingresar como trabajador y no pudo. Pero la oportunidad de oro se presentó días después con la propuesta del alto funcionario que vio en él capacidad para incidir en el trabajo académico de recuperación de un centro de investigación colapsado y a punto de ser clausurado por el gobierno nacional. La crisis del país de aquel entonces se había anquilosado también en ese lugar; recién acababa de pasar la pandemia del covit-19 y la moral ciudadana nacional aún se encontraba por el piso.

Persistía el manto blanquecino de la tarde adormecida. Colocó la capucha sobre su cabeza y se lanzó a través de la espesa atmósfera condensada por el penetrante frio invernal. Rumbo a su hogar, los síntomas sentidos minutos antes en su mente y cuerpo habían adoptado otra forma de manifestarse. Notó el cambio. La serenidad se instaló de nuevo en su ser y celebró el retorno previsto. Lo había hecho, tal como se lo propuso, sí los acontecimientos persistían y agudizaban. No surgió la duda en ningún instante, porque todo lo había planificado con antelación por si seguían presentándose situaciones desagradables de incomodidad laboral. Y volvió a ocurrir. Por eso procedió de la manera como lo hizo.

Bergolio, como científico experimentado, jubilado de una prestigiosa universidad nacional, con tan largas temporadas retozando con sabiduría con el tiempo acumulado; sabía afrontar situaciones incomodas sin dificultad, como la recién presentada. Profundamente enamorado de los procesos del cosmos. Los nacientes destellos matutinos de la alborada rozando los perfiles de la sierra andina, embelesaban su despertar. Así se incorporaba al nuevo día, con plena conciencia de que su minúsculo aporte podría incidir en la construcción de un mundo con espacios abiertos para todos. Y sentía que era su obligación hacerlo. Aquella primera vez, cuando puso su pie derecho en el edificio, cambió su vida. Vio la oportunidad de oro de poner a prueba los conocimientos que manejaba con sus nuevos aportes. Desconocía por completo lo que ocurría en las profundidades académicas de la institución científica donde acababa de entrar. Pero, aquellos que sí la conocían, estaban seguro que él podría hacer algo que incidiera en su recuperación. Esa confianza extrema lo comprometió tanto, que aceptó formar parte del personal encargado de divulgar los nuevos estudios y descubrimientos logrados en aquel centro de investigación. Entró al departamento de divulgación astronómica, porque realmente era esto lo que últimamente venía haciendo desde su larga jubilación aprovechada.

Desde su jubilación universitaria, estuvo desempeñándose en otros espacios académicos. Compartió casi un par de años en algunos espacios educativos del estado como coordinador del ministerio de educación. Muchas fueron las agradables experiencias acumuladas cargadas con nuevos aprendizajes.

Bienvenido compañero Bergolio al GID. Usted se encuentra en los espacios del grupo de divulgación le dijo César, el coordinador, frente a sus compañeros me comentó nuestro director que tendremos el honor de disfrutar de su compañía por un tiempo.

Pues sí, me agradaría respondió Bergolio ¡Qué gusto conocerlos!   

Aquella visita ocupacional convertida, in situ, en la primera reunión de trabajo, sirvió para la presentación formal de cada uno de los integrantes, para hacer una descripción pormenorizada de los fines y objetivos de la unidad, de la especialidad de cada uno y de sus experiencias como divulgadores en todo el territorio nacional. Por eso César comentó:

—El compañero Bergolio viene de la universidad. Fue mi profesor, por cierto; me dictó uno de los cursos de física durante mi licenciatura. ¿Verdad, profesor? ¿Lo recuerda?

Bergolio confirmó lo expuesto con un leve asentimiento.

—Espero que su presencia facilite las funciones en nuestro quehacer diario —concluyó el coordinador.

Por las miradas cruzadas y los susurros, Bergolio notó que su llegada había despertado una densa expectativa. Tanto fue así, que una de las presentes se atrevió a interpelarlo:

—¿Y usted a qué viene? Nosotros estamos completos. Cada uno conoce sus funciones y tenemos mucha experiencia acumulada. A mí me parece que este trajín no sería bueno para usted; lo veo muy ajadito, mermadito, entradito en años. Se me va a quedar dormido en los viajes y más cuando lo metamos en el "astrobús" a recorrer nuestros patios.

Unas risas ahogadas recorrieron la sala. Ella retomó el hilo, fingiendo seriedad:

—Sinceramente le digo, mi señor, que no creo que usted pueda seguirnos el ritmo.

César intervino de inmediato ante aquel comentario desproporcionado. Miró fijamente a Bergolio y se disculpó:

—Qué pena con usted, profesor, pero ella es de las que dice ser "demasiado sincera" y no se guarda nada.

Muy cierto, para decírselo mañana, se lo digo ahora mismo, de una vez, yo no ando con rodeos espetó la joven de nuevo.

César se vio obligado a seguir con la presentación e intervino con el siguiente comentario:

Pero es que no he terminado de presentar formalmente al profesor a partir de aquel momento se dirigió a él en esos términos; quizás por respeto o para evitar reforzar futuros malos entendidos. Él viene de la UNAC, es jubilado con experiencia en docencia universitaria e investigación en astrofísica, y considero que nos podría aportar mucho de sus conocimientos. Me consta que es buen profesor por el curso que me dio, les repito. ¿Qué va hacer aquí? Pues lo que sabe hacer, darnos algunos cursos de formación y actualización a nosotros y a otros compañeros de la institución que quieran acompañarnos. Además, va a participar en las actividades de divulgación. Es más, parece que viene otra persona por ahí, también.

Éramos muchos, y parió la abuelacomentó alguien más.

Inmediatamente entró en escena otro divulgador con el siguiente comentario:

—Miren, va a incomodar lo que voy a expresar, pero les digo lo siguiente: yo también vengo de una universidad de prestigio y lo que aprendí en mi carrera, lo aprendí exageradamente bien. Entré aquí con la intención de poner mis conocimientos al servicio de los demás y, por supuesto, para ganarme el sustento. Salí cansado de mis estudios y por nada del mundo tomaría un curso más, aunque venga a dictarlo el "papá" de los gurús de la astronomía mundial. ¡Tremenda vaina me van a echar!

Agarró una vieja revista que estaba sobre la mesa y empezó a hojearla con evidente desdén.

—¡Y que ponerme a estudiar de nuevo! ¡A mí!, que tomé una electiva de astronomía; que hice una tesis de grado en astrofísica, aprobada y recomendada para publicación. ¡A mí!, repito, que apliqué "al pelo" mis conocimientos en la determinación de velocidades radiales de muchas estrellas. No, señor; a mí nadie me viene a hablar de asteroides y cometas —mis temas favoritos, por cierto— como yo lo hago. Tampoco… —balbuceó un poco.

¡Epa, epa, bájale dos! Tranquilo chamo, no es para tanto, cálmate arremetió el coordinador para aplacar los ánimos exaltados del compañero, y porque ya no quería seguirle más la corriente. Lo conocía bien y sabía que, si lo dejaba continuar con el discurso, aquella reunión de presentación se le podría convertir en un mero conversatorio sin relevancia alguna.

 —Pero dejemos que sea el profesor que nos comente sobre su interés de acompañarnos en este noble oficio de la divulgación científica. Le cedo la palabra —comentó César.

—Jóvenes, gracias por la bienvenida. Les comento que casi no hablo de lo que debo hacer, me inclino más por hacer lo que se deba, y que sea la obra la que hable por sí misma. Lo cierto es que ustedes me están ofreciendo una oportunidad única en mi vida y la sabré agradecer. Me proponen ayudar a este grupo tan diversificado de profesionales de la astronomía a orientar un poco su trabajo por el sendero de la eficacia. Son ustedes los que mejor conocen su trabajo, yo solo podría orientarlos un poco a que los objetivos se cumplan en menos tiempo y que los resultados obtenidos sean de mejor calidad y provecho para todos. Creo que tengo algunas cosas que he desarrollado en estos últimos años de trabajo continuo y que podrían servirles a algunos de ustedes para seguir avanzando en su profesionalización. Sin ánimo de establecer ninguna discusión al respecto, pero, nunca he dejado los libros ni los dejaré, menos las revistas de investigación, estén estas en físico o en digital. Y tengo por norma el respeto a cualquier aporte científico bien sustentado en las reglas establecidas de las ciencias.

Bergolio hizo un alto como para tomar aire y continuó:

—No me la voy a tirar de científico vergatario de la física y la astronomía acudió a esta expresión popular para bajar el tono académico de su exposición—, pero la formación y la cultura científica astronómica que he aculado hasta ahora, me han servido para entender muchos de los eventos y fenómenos del mundo. Y son estos conocimientos, en la medida que se pueda, los que pondré con mucho gusto a disposición de ustedes. También estaré dispuesto a recibir y a nutrirme de sus experiencias; mejor dicho, nuestra relación laboral debería convertirse en un compartir de saberes, donde yo gustosamente recibo los suyos y ustedes, después que hagan los análisis pertinentes, reciben los míos.  Bien, no quisiera distraerlos más de sus responsabilidades, así que dejémoslo hasta aquí y nos seguiremos viendo en los días que vienen.

Con un:

—Gracias profesor por esas palabras de aliento. Compañeros, hemos terminado, … cada quien a lo suyo. —dio por terminada el coordinador la reunión.

A las pocas semanas llegó el otro profesor que estaban esperando. Tan vejuco como Bergolio y con mucho entusiasmo por la investigación. Igualmente, jubilado universitario de un grupo teórico de física. Era un científico de amplia experiencia en docencia e investigación universitaria, escritor de un par de libros de física dedicados al tema de la mecánica clásica, donde se consideraba un experto. El coordinador lo presentó, aprovechando la reunión que se estaba desarrollando en ese momento en el departamento:

—El profesor Seliciano Almasto también nos acompañará por un tiempo…

—¡Epa, César! Yo no vengo para acá, lo mío es la investigación pura —paró en seco el profesor Almasto al coordinador—. No sé nada de divulgación de la astronomía y en realidad les digo, que me interesa poco. Aunque, de todas maneras, estaremos cruzándonos por estos espacios y en lo que pueda ayudar, pues ayudo. Pero eso sí, tienen que informarme con tiempo para prepararme. Trabajo bajo previa y minuciosa planificación.

—Me aseguró el director que tu venías —ellos se tenían la confianza suficiente para tutearse— para este departamento; a trabajar en conjunto con el profesor Bergolio.

—Creo que no— fue su respuesta, y se retiró a hacer lo que vino hacer: entrevistarse con el director.

Todos los presentes se miraron medio asombrados con la actitud del profesor y sin decir nada continuaron con lo que estaban discutiendo.

 

 

Capítulo 2


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