miércoles, 8 de julio de 2026

Cosas de cometas

              Cosas del cometa verde


                                                                                        

                                                                                                   
                                                  Dedicado al C/2022 E3

¿Por qué en los cometas cae nieve al revés?

Cometa, ¿cómo tu aliento se convierte en colas?

Alguien me dijo que querías competir con el pavo real.

¿Es verdad que tus colas las usas para volar por el fondo cósmico?

Las cometas de mi barrio tienen colas iónicas que titilan en el cielo.

¿Por qué no te quedas en el cielo permanentemente, cometa?

Cometa, sí la cola se te cae, ¿darás vueltas, vueltas y más vueltas en el fondo del oscuro cielo sin parar?

¿Será que los cometas sudan cuando se acercan al Sol?

El cometa se refresca del calor solar con la cola abanicada de polvo.

¿Franco, anoche amarraste bien la cola del cometa? ¿Seguro? 

¡Mira qué se le puede soltar!

El cometa está usando su máscara verdosa de carnaval.

Sí el hilo del cometa se revienta, ¿lo arrastrará el viento solar por el infinito Universo?

¿Cierto que tu cola ensortijada te la peina el magnetismo solar?

¿Qué secretos de los inicios cósmicos esconden tus entrañas?

C/2022 E3, anoche te vi guiñándole un ojo a Aldebarán.

¿Por qué viniste precisamente en diciembre, cometa?

Lleva saludos a las familias Kuiper y Oort.

Cometa, ¡vuelve!

                                                                Mérida, 26 de enero de 2023


domingo, 7 de junio de 2026

NEPOGIDATISMO

 





NEPOGIDATISMO

NEBULAR

El arte de procrear estrellas en el vacío

 

 

Orlando Escalona

 







Capítulo 1



El contundente “¡entonces renuncio!” retumbó en el aire. El impacto generado en los asistentes a la reunión de trabajo despejó la acústica de la sala de tal forma que, si la gravedad hubiese soltado una hoja seca en el vacío provocado por la exclamación, el estruendo de su caída los habría devuelto a la realidad. Pasaron segundos de parálisis absoluta. En aquel instante, todo cambió; la implosión se sintió en las oficinas adyacentes y recorrió los pasillos, laboratorios y talleres del decimoquinto piso. El silencio se apoderó de los espacios y solo un entrecortado “renunció” onduló como un susurro hacia el exterior. Impávidos, los directivos no lograban asimilar la sorpresa lanzada por aquel trabajador.

El remate de:

—Sí, y ya les traigo el oficio que tengo preparado —dejó por sentado que la decisión de Bergolio no tenía vuelta atrás.

Así terminó una reunión de trabajo bajo una pretendida propuesta impositiva de amonestación hacia uno de los colocados en el paredón

Bergolio no solicitó ningún derecho a réplica, sino que optó por levantarse y con un “buenas tardes, se les agradece el tiempo compartido”, se levantó de la silla y se retiró del recinto. A los veintitrés minutos exactos el documento fue dado por recibido por la asistente del director.

Mientras se retiraba, vino a su memoria aquel primer día que llegó a la institución. Cinco años antes había intentado ingresar como trabajador y no pudo. Pero la oportunidad de oro se presentó días después con la propuesta del alto funcionario que vio en él capacidad para incidir en el trabajo académico de recuperación de un centro de investigación colapsado y a punto de ser clausurado por el gobierno nacional. La crisis del país de aquel entonces se había anquilosado también en ese lugar; recién acababa de pasar la pandemia del covit-19 y la moral ciudadana nacional aún se encontraba por el piso.

Persistía el manto blanquecino de la tarde adormecida. Colocó la capucha sobre su cabeza y se lanzó a través de la espesa atmósfera condensada por el penetrante frio invernal. Rumbo a su hogar, los síntomas sentidos minutos antes en su mente y cuerpo habían adoptado otra forma de manifestarse. Notó el cambio. La serenidad se instaló de nuevo en su ser y celebró el retorno previsto. Lo había hecho, tal como se lo propuso, sí los acontecimientos persistían y agudizaban. No surgió la duda en ningún instante, porque todo lo había planificado con antelación por si seguían presentándose situaciones desagradables de incomodidad laboral. Y volvió a ocurrir. Por eso procedió de la manera como lo hizo.

Bergolio, como científico experimentado, jubilado de una prestigiosa universidad nacional, con tan largas temporadas retozando con sabiduría con el tiempo acumulado; sabía afrontar situaciones incomodas sin dificultad, como la recién presentada. Profundamente enamorado de los procesos del cosmos. Los nacientes destellos matutinos de la alborada rozando los perfiles de la sierra andina, embelesaban su despertar. Así se incorporaba al nuevo día, con plena conciencia de que su minúsculo aporte podría incidir en la construcción de un mundo con espacios abiertos para todos. Y sentía que era su obligación hacerlo. Aquella primera vez, cuando puso su pie derecho en el edificio, cambió su vida. Vio la oportunidad de oro de poner a prueba los conocimientos que manejaba con sus nuevos aportes. Desconocía por completo lo que ocurría en las profundidades académicas de la institución científica donde acababa de entrar. Pero, aquellos que sí la conocían, estaban seguro que él podría hacer algo que incidiera en su recuperación. Esa confianza extrema lo comprometió tanto, que aceptó formar parte del personal encargado de divulgar los nuevos estudios y descubrimientos logrados en aquel centro de investigación. Entró al departamento de divulgación astronómica, porque realmente era esto lo que últimamente venía haciendo desde su larga jubilación aprovechada.

Desde su jubilación universitaria, estuvo desempeñándose en otros espacios académicos. Compartió casi un par de años en algunos espacios educativos del estado como coordinador del ministerio de educación. Muchas fueron las agradables experiencias acumuladas cargadas con nuevos aprendizajes.

Bienvenido compañero Bergolio al GID. Usted se encuentra en los espacios del grupo de divulgación le dijo César, el coordinador, frente a sus compañeros me comentó nuestro director que tendremos el honor de disfrutar de su compañía por un tiempo.

Pues sí, me agradaría respondió Bergolio ¡Qué gusto conocerlos!   

Aquella visita ocupacional convertida, in situ, en la primera reunión de trabajo, sirvió para la presentación formal de cada uno de los integrantes, para hacer una descripción pormenorizada de los fines y objetivos de la unidad, de la especialidad de cada uno y de sus experiencias como divulgadores en todo el territorio nacional. Por eso César comentó:

—El compañero Bergolio viene de la universidad. Fue mi profesor, por cierto; me dictó uno de los cursos de física durante mi licenciatura. ¿Verdad, profesor? ¿Lo recuerda?

Bergolio confirmó lo expuesto con un leve asentimiento.

—Espero que su presencia facilite las funciones en nuestro quehacer diario —concluyó el coordinador.

Por las miradas cruzadas y los susurros, Bergolio notó que su llegada había despertado una densa expectativa. Tanto fue así, que una de las presentes se atrevió a interpelarlo:

—¿Y usted a qué viene? Nosotros estamos completos. Cada uno conoce sus funciones y tenemos mucha experiencia acumulada. A mí me parece que este trajín no sería bueno para usted; lo veo muy ajadito, mermadito, entradito en años. Se me va a quedar dormido en los viajes y más cuando lo metamos en el "astrobús" a recorrer nuestros patios.

Unas risas ahogadas recorrieron la sala. Ella retomó el hilo, fingiendo seriedad:

—Sinceramente le digo, mi señor, que no creo que usted pueda seguirnos el ritmo.

César intervino de inmediato ante aquel comentario desproporcionado. Miró fijamente a Bergolio y se disculpó:

—Qué pena con usted, profesor, pero ella es de las que dice ser "demasiado sincera" y no se guarda nada.

Muy cierto, para decírselo mañana, se lo digo ahora mismo, de una vez, yo no ando con rodeos espetó la joven de nuevo.

César se vio obligado a seguir con la presentación e intervino con el siguiente comentario:

Pero es que no he terminado de presentar formalmente al profesor a partir de aquel momento se dirigió a él en esos términos; quizás por respeto o para evitar reforzar futuros malos entendidos. Él viene de la UNAC, es jubilado con experiencia en docencia universitaria e investigación en astrofísica, y considero que nos podría aportar mucho de sus conocimientos. Me consta que es buen profesor por el curso que me dio, les repito. ¿Qué va hacer aquí? Pues lo que sabe hacer, darnos algunos cursos de formación y actualización a nosotros y a otros compañeros de la institución que quieran acompañarnos. Además, va a participar en las actividades de divulgación. Es más, parece que viene otra persona por ahí, también.

Éramos muchos, y parió la abuelacomentó alguien más.

Inmediatamente entró en escena otro divulgador con el siguiente comentario:

—Miren, va a incomodar lo que voy a expresar, pero les digo lo siguiente: yo también vengo de una universidad de prestigio y lo que aprendí en mi carrera, lo aprendí exageradamente bien. Entré aquí con la intención de poner mis conocimientos al servicio de los demás y, por supuesto, para ganarme el sustento. Salí cansado de mis estudios y por nada del mundo tomaría un curso más, aunque venga a dictarlo el "papá" de los gurús de la astronomía mundial. ¡Tremenda vaina me van a echar!

Agarró una vieja revista que estaba sobre la mesa y empezó a hojearla con evidente desdén.

—¡Y que ponerme a estudiar de nuevo! ¡A mí!, que tomé una electiva de astronomía; que hice una tesis de grado en astrofísica, aprobada y recomendada para publicación. ¡A mí!, repito, que apliqué "al pelo" mis conocimientos en la determinación de velocidades radiales de muchas estrellas. No, señor; a mí nadie me viene a hablar de asteroides y cometas —mis temas favoritos, por cierto— como yo lo hago. Tampoco… —balbuceó un poco.

¡Epa, epa, bájale dos! Tranquilo chamo, no es para tanto, cálmate arremetió el coordinador para aplacar los ánimos exaltados del compañero, y porque ya no quería seguirle más la corriente. Lo conocía bien y sabía que, si lo dejaba continuar con el discurso, aquella reunión de presentación se le podría convertir en un mero conversatorio sin relevancia alguna.

 —Pero dejemos que sea el profesor que nos comente sobre su interés de acompañarnos en este noble oficio de la divulgación científica. Le cedo la palabra —comentó César.

—Jóvenes, gracias por la bienvenida. Les comento que casi no hablo de lo que debo hacer, me inclino más por hacer lo que se deba, y que sea la obra la que hable por sí misma. Lo cierto es que ustedes me están ofreciendo una oportunidad única en mi vida y la sabré agradecer. Me proponen ayudar a este grupo tan diversificado de profesionales de la astronomía a orientar un poco su trabajo por el sendero de la eficacia. Son ustedes los que mejor conocen su trabajo, yo solo podría orientarlos un poco a que los objetivos se cumplan en menos tiempo y que los resultados obtenidos sean de mejor calidad y provecho para todos. Creo que tengo algunas cosas que he desarrollado en estos últimos años de trabajo continuo y que podrían servirles a algunos de ustedes para seguir avanzando en su profesionalización. Sin ánimo de establecer ninguna discusión al respecto, pero, nunca he dejado los libros ni los dejaré, menos las revistas de investigación, estén estas en físico o en digital. Y tengo por norma el respeto a cualquier aporte científico bien sustentado en las reglas establecidas de las ciencias.

Bergolio hizo un alto como para tomar aire y continuó:

—No me la voy a tirar de científico vergatario de la física y la astronomía acudió a esta expresión popular para bajar el tono académico de su exposición—, pero la formación y la cultura científica astronómica que he aculado hasta ahora, me han servido para entender muchos de los eventos y fenómenos del mundo. Y son estos conocimientos, en la medida que se pueda, los que pondré con mucho gusto a disposición de ustedes. También estaré dispuesto a recibir y a nutrirme de sus experiencias; mejor dicho, nuestra relación laboral debería convertirse en un compartir de saberes, donde yo gustosamente recibo los suyos y ustedes, después que hagan los análisis pertinentes, reciben los míos.  Bien, no quisiera distraerlos más de sus responsabilidades, así que dejémoslo hasta aquí y nos seguiremos viendo en los días que vienen.

Con un:

—Gracias profesor por esas palabras de aliento. Compañeros, hemos terminado, … cada quien a lo suyo. —dio por terminada el coordinador la reunión.

A las pocas semanas llegó el otro profesor que estaban esperando. Tan vejuco como Bergolio y con mucho entusiasmo por la investigación. Igualmente, jubilado universitario de un grupo teórico de física. Era un científico de amplia experiencia en docencia e investigación universitaria, escritor de un par de libros de física dedicados al tema de la mecánica clásica, donde se consideraba un experto. El coordinador lo presentó, aprovechando la reunión que se estaba desarrollando en ese momento en el departamento:

—El profesor Seliciano Almasto también nos acompañará por un tiempo…

—¡Epa, César! Yo no vengo para acá, lo mío es la investigación pura —paró en seco el profesor Almasto al coordinador—. No sé nada de divulgación de la astronomía y en realidad les digo, que me interesa poco. Aunque, de todas maneras, estaremos cruzándonos por estos espacios y en lo que pueda ayudar, pues ayudo. Pero eso sí, tienen que informarme con tiempo para prepararme. Trabajo bajo previa y minuciosa planificación.

—Me aseguró el director que tu venías —ellos se tenían la confianza suficiente para tutearse— para este departamento; a trabajar en conjunto con el profesor Bergolio.

—Creo que no— fue su respuesta, y se retiró a hacer lo que vino hacer: entrevistarse con el director.

Todos los presentes se miraron medio asombrados con la actitud del profesor y sin decir nada continuaron con lo que estaban discutiendo.

 

 

Capítulo 2


miércoles, 1 de enero de 2025

El Relámpago del Catatumbo

 El Relámpago del Catatumbo:

Misterio Luminoso en el Corazón de Venezuela

  


El Relámpago del Catatumbo. Cortesía de El Correo del Caroní.


El cielo sobre el lago de Maracaibo, en Venezuela, es escenario de un espectáculo natural único en el mundo: el Relámpago del Catatumbo. Este fenómeno meteorológico, caracterizado por una intensa actividad eléctrica casi continua durante gran parte del año, ha cautivado a pobladores de la zona y de todo el mundo, así como a escritores, poetas y científicos, por siglos. Más allá de su interés científico, el Relámpago del Catatumbo es un tesoro natural, cultural y turístico de Venezuela. Su belleza y singularidad lo han convertido en un símbolo de la región y en un atractivo turístico mundial.

En los predios nocturnos del relámpago no existen noches serenas y tranquilas, no existe la penumbra absoluta, sólo persisten los destellos de luz que iluminan en forma intermitente la cuenca del lago de Maracaibo y sus alrededores. Es un fenómeno atmosférico de singular belleza. No solo ha despertado el interés de los científicos por conocer lo que sucede en las profundidades de sus nubes relampagueantes, sino que también poetas y cantores lo han eternizado en sus prosas. Son destellos tras destellos persistentes los que se riegan por todo el sur del lago. Se puede observar desde la alta cima de la Sierra Nevada, desde las llanuras de Santa Bárbara del Zulia y Puerto Concha, y desde las grandes fincas surlaguenses. Pero, incluso desde el mismo Maracaibo y la Isla de Curazao.

¿Dónde se encuentra ubicado y dónde se puede visualizar? Hay que observarlo de noche y madrugada para poder apreciar su esplendor. Se hace más evidente su fenomenología durante las noches serenas y despejadas de noviembre a abril. Se observa una vista simple, no se requiere de ningún instrumento técnico especializado. Se le puede acercar lo suficiente para visualizar su resplandor, ubicándose en Ologá, pueblo palafítico de aguas del lago ubicado en la región sur occidental en los bordes del lago de Maracaibo. A este caserío de pescadores, se llega en lancha desde el pueblo zuliano de Puerto Concha; rumbo a Santa Bárbara del Zulia, desde El Vigía, se cruza en el kilómetro 14 a la derecha, y la vía lleva directo al pueblo. Desde Puerto Concha, navegando su canal, el viaje en lancha dura dos horas y media. Se llega primero al Mirador del Lago, estación lacustre del Ministerio del Ambiente del país, y desde éste, se enrumba la lancha en viaje directo a Ologá.  

Desde tiempos inmemoriales, los habitantes de la región han observado con asombro estos destellos luminosos. Las culturas indígenas asociaban el fenómeno con sus creencias y mitos, viéndolo como una manifestación de fuerzas sobrenaturales o como un guiño de sus ancestros. Los primeros exploradores también europeos quedaron maravillados por este espectáculo, describiéndolo en sus diarios de viaje y utilizándolo de faro de ubicación.

A pesar de siglos de observaciones y estudios, el Relámpago del Catatumbo sigue siendo un enigma para la ciencia. Numerosos investigadores han propuesto diversas teorías para explicar su origen, pero ninguna ha logrado ofrecer una explicación completa y definitiva. Una de las hipótesis más populares sugiere que el metano liberado por los humedales de la región juega un papel fundamental en la generación de las descargas eléctricas. Sin embargo, esta teoría ha sido objeto de debate y cuestionamientos por parte de otros científicos. Otros factores como la orografía de la región, las corrientes de aire y la composición atmosférica también han sido considerados como posibles contribuyentes.

El Relámpago del Catatumbo es un fenómeno extremadamente complejo, resultado de la interacción de múltiples factores atmosféricos y geográficos. Su estudio no solo es importante para comprender mejor los procesos atmosféricos, sino también para evaluar su impacto en el clima regional y global.

A pesar de los avances científicos, aún queda mucho por descubrir sobre este fascinante fenómeno. Los investigadores continúan trabajando para desentrañar los misterios del Relámpago del Catatumbo y comprender los procesos físicos que lo originan.

Dado la impresionante belleza del Relámpago del Catatumbo como fenómeno natural, único en el planeta, hace que se convierta en un potencial turístico a explotar en toda su magnitud en la zona del sur del lago. En primer lugar, la travesía por los canales que conducen al lago se destaca por permitir observar la diversidad ecológica vegetal y animal, que impera en la zona. Cotorras, garzas, paraulatas y aves con coloridos entrecruzados, surcan los espacios, mientras se escuchan las voces intermitentes de los monos araguatos. Peces y tortugas abundan en sus aguas. Árboles de grandes dimensiones se aprecian a lo largo de sus orillas. Ya en pleno lago, el mundo lacustre se abre para su contemplación total. En Ologá, se destacan las casas levantadas en palafitos como si fueran barcos flotantes sobre la superficie del lago. Su gente, ¡maravillosa! Pueblo pesquero de tradiciones vinculadas al agua. Compenetrados profundamente con su Relámpago, con su titilar nocturno que impide que el caserío lacustre se apague por completo en la inmensidad de la zona de aguas y cielo estrellado salpicado de destellos.


El caserío palafítico Ologá. Cortesía de William Shatner.

            Por esto y otras razones, el Relámpago del Catatumbo debe convertirse en el símbolo nacional que centralice el desarrollo turístico y cultural de los pueblos rivereños del sur del Lago de Maracaibo. Así que, se propone en este trabajo la creación de la Ruta Turística del Relámpago del Catatumbo que promociones al fenómeno más espectacular del planeta Tierra, por sus cientos de destellos intermitentes por minutos durante casi todo el año. Por otra parte, en el pueblo de Puerto Concha se podría crear el Museo del Relámpago donde se modele su fenomenología, para incentivar el conocimiento por los estudios de los fenómenos naturales.

El Relámpago del Catatumbo es un recordatorio de la complejidad y belleza de nuestro planeta. Este fenómeno natural, lleno de historia y misterio, continúa cautivando a científicos y al público en general, y sigue siendo objeto de estudio e investigación. Se espera que se convierta en un fenómeno de desarrollo turístico de la región surlaguense.

 


Referencia bibliográfica

1. Escalona Toro, O., B., (2019). El Farol del Catatumbo, 81-86. Atlas Sur del Lago, UNERMB.Url: https://www.calameo.com/read/0055752893cc966a4c93

2. William Shatner (2021). Relámpago del Catatumbo-Lo Inexplicable. History Latinoamérica. Url: https://www.youtube.com/watch?v=4HijiBOp6T4




martes, 17 de octubre de 2023

El cálculo mental

 

El cálculo mental potencia el razonamiento abstracto de los niños



El acto de razonar, propio de nosotros los humanos, es una actividad mental que permite ordenar las ideas para estructurar conclusiones. Razonar las decisiones en cualquier acto de nuestra vida involucra razonamientos acertados a fin de alcanzar los logros que nos hemos propuestos; muchas veces las decisiones desacertadas conducen a errores graves en nuestras actuaciones cotidianas. Una forma de minimizar las decisiones equivocadas es mediante el adiestramiento y fortalecimiento de muestra mente. Como cualquier músculo del cuerpo, la misma mente se puede fortalecer para el logro de destrezas y habilidades, mediante actividades que involucren el desarrollo del pensamiento abstracto. Una de estas actividades es el cálculo mental para niños, con base a estrategias muy bien programadas en centros educativos especializados para tal fin.

En particular, alcanzar habilidades mediante el cálculo mental a edad temprana en niños, los capacita para la resolución de problemas de la vida cotidiana, sin necesidad de depender de la calculadora, el lápiz o el cuaderno para sacar la cuenta. Los prepara, por ejemplo, para enfrentar la comparación diaria durante el acto de negociar, para entender la expresión del tiempo en horas y minutos, para anticiparse en general a la resolución de cualquier ejercicio aritmético.  

Cada vez que se realiza un cálculo mental con los números, el niño asocia, descompone e intercambia cantidades en función de otras, diseña e inventa procedimientos basados en estrategias con las propiedades de los números y en las propiedades básicas de la aritmética.      

Ahora bien, el neuropsicólogo Howard Gardner, en su teoría de las inteligencias múltiples, considera que cualquier persona nace con ocho inteligencias interconectadas, unas más potenciadas que otras. Una de estas inteligencias, es la lógica matemática que se relaciona con pensamiento abstracto. Inteligencia que capacita al niño para el uso y análisis del sistema numérico, y para realizar razonamientos bien fundamentados.

Todo padre sabe en qué se destacan más sus hijos, algunos tendrán habilidades para la música, otros para la pintura y el teatro, por ejemplo; mientras otros habrán sorprendido a su papá cuando trataba de sumar el monto de lo comprado en el supermercado, o a su mamá durante la cantidad de ingredientes en la preparación del postre de la cena.

                                     

En ese momento, esos padres se habrán enterado de la habilidad escondida de su hijo para los asuntos numéricos. Sí este es el caso, su hijo fue favorecido con la inteligencia lógico matemática y es hora de potenciarlo, colocándolo en manos de expertos que manejen las estrategias cognitivas adecuadas para el desarrollo de la misma. Por lo general, la inteligencia lógica-matemática se mantiene oculta, y sí se manifiesta abiertamente, por lo general la familia no le presta la importancia debida para su desarrollo y fortalecimiento, como ocurre con otras habilidades como la música o las expresiones artística.

El desarrollo del pensamiento lógico mediante estrategias matemáticas que involucren el cálculo mental en primera instancia, ayudará a nuestros hijos a llevar una vida más plena, a ser más felices, a entender mejor el mundo, a ser mejores ciudadanos en el acto de elegir y discernir, en palabras del matemático español Eduardo Sáenz de Cabezón. Sin embargo, tal como lo hace el aspirante a violinista, con la práctica diaria y metódica, el niño matemático se fortalecerá con el ejercicio guiado, conducido. Por supuesto, para lograr el desarrollo efectivo de ese potencial de abstracción que el niño lleva por dentro, requiere de su potenciación en el cálculo mental, pero desde las estrategias lúdicas que faciliten su asimilación fácil y efectiva.

Un caso típico del logro de habilidades con el cálculo mental es el matemático Johann Carl Friedrich Gauss, quien desde niño lo practicó y llegó a convertirse en uno de los matemáticos más famosos de su tiempo.

Busca asesoramiento con los pedagogos del colegio sí descubres habilidades en tu hijo en el manejo de los números. Podrías tener un matemático en potencia.

 

lunes, 9 de octubre de 2023

La Sombra



Anastasio y Pirolo se encontraban perdidos en un desierto. Después de caminar durante horas, ya casi amaneciendo, se toparon con un tronco grueso sin ramas, que en algún momento perteneció a un gran árbol. Cuando despuntó el primer rayo de sol, el tronco comenzó a extender una larga y ancha sombra, tanto como el grosor de los cuerpos de cada uno de ellos; y, de una vez, los hombres se refugiaron de la inclemencia de los rayos solares a medida que la transparente mañana avanzaba. ¡Estaban felices!

    A medida que se acercaba el mediodía, la sombra se fue acortando y, en toda su extensión, no cabían Anastasio y Pirolo para refugiarse del calor. Empezaron las disputas por el espacio, porque uno de ellos, supuestamente, había llegado primero a la base del tronco. Sol, que se encontraba presenciando todo desde arriba, se dijo para sus adentros: “como hoy me toca colocar el “mediodía cenital” en este lugar, entonces los dejaré sin sombra”. Y en un santiamén la sombra desapareció por completo. Anastasio y Pirolo no superaban el desconcierto.

    Sin embargo, poco a poco, la sombra empezó a aparecer de nuevo y a extenderse sobre el candente suelo del desierto. Empujones iban, trancazos sonaban, palabras saltaban por los cuatro vientos; los dos hombres reanudaron la disputa por la sombra. El sol seguía inclemente, se sentía achicharrando la piel de los infortunados.

    Luna, que estaba de paso por ese lugar y que también estaba presenciando la riña, se conmovió tanto que se propuso ayudarlos. Se fue arrimando poquito a poco delante de Sol hasta que lo tapó por completo. ¡Se hizo de noche! Pero Sol no estuvo de acuerdo con aquella acción maternal de Luna y se fue apartando hasta que apareció de nuevo la luz intensa mientras la sombra se alargaba, pero tan despacio, que los dos no cabían en ella.

    A sabiendas del comienzo de la tarde y que el sol se aplacaría, sin embargo, siguieron con la disputa. Cada uno pensaba que sí se apropiaba del tronco, durante los días venideros disfrutaría de aquella solidaria sombra hasta que alguien lo rescatara.

    Tierra, que sentía sus estrepitosas pisadas desde hacía rato y el estruendoso berrinche, también se conmovió; pero, se quedó pensativa un rato y luego decidió ralentizar su paso para que el inclemente sol de la tarde los siguiera castigando un poco más, y pudieran entrar en razón. Aquellos hombres jamás habían presenciado la llegada de un atardecer con tanta lentitud que, por primera vez, se miraron fijamente a los ojos y enmudecieron de estupor. A medida que la sombra se alargaba sobre el suelo del desierto, se iban acomodando. Pero estaban tan exhaustos, que ya no tenían fuerza para seguir con la trifulca. Tanto era el cansancio, que se quedaron del todo rendidos.

    Tierra los contempló con tristeza y se propuso continuar con la lección; en un dos por tres aligeró sus pasos, el día desapareció y apareció de nuevo. El par de hombres aun cansados al extremo, no entendían lo que estaba sucediendo. Con el nuevo día, un destello de conciencia hizo aparición en uno y se dijo: “es hora de compartir para seguir viviendo".


MORALEJA




























sábado, 30 de julio de 2022

Francy

 

Francy, la hacedora de sueños

                                  Para: Francy Oviedo

Tengo una amiga que juega con los colores y les da forma caprichosa, monta uno sobre otros en el espacio justo que deben ocupar. Y la suma de sus tonos se amontonan sobre el volumen corpóreo que va apareciendo y se asoman las primeras expresiones de alegría y risas en caritas sorprendiditas del mundo que les está pronto por llegar. Se alargan las claras trenzas, en unas, mientras se engarruñan ensortijadas sobre las frentes, en otras. Y mientras mi amiga suelta a volar la imaginación, las formas pinceladas de colores adoptan brazos, piernas y cuerpos alargados cubiertos de pliegues de vestidos coloridos que giran ondulantes en cinturitas abultadas de relleno. Mi amiga es muñequera de corazón. Le encanta dar vida, crear esperanzas, repartir sueños. Y crea, crea, crea, sólo por crear, porque esa es una de sus misiones de vida. Y cuando la existencia se ha plantado sobre cada muñeca de trapo con ascendencia ancestral, se levantan y caminan hasta el sitio justo de la sala que deben ocupar. Y ahí se quedan impávidas, descifrando cada forma y cada color que rebota en sus pupilas sorprendidas cercadas de pestañas alborotadas. Y desde sus propios sitios, cada una la observa y la detalla, y estallan en  admiración y bendiciones por ser una más entre otras tantas creadas por sendas manos laboriosas entrecruzadas entre hilos blancos y retazos celestes, hebras negras y trapos verdes, sedas lisas y agujas plateadas. Y observan cómo ellas mismas se empezaron asomar al mundo y cómo de la última puntada terminal surgió una voz. Y oyeron por primera vez su propio nombre. Porque mi amiga muñequera no las crea solas, las crea con sus respectivos nombres. Con el propio, con el apropiado, con el justo; de inmediato se da cuenta que ese y sólo ése sirve para Anastacia, para Fabiola, para Margarita, y no otro. Qué Minerva encaja con los ojos sedosos del vestido cielo; qué Katy se apropió de la sonrisa suelta de blusa estampada… Y mientras trapos, puntadas y rellenos compiten por la forma y los colores que deben ocupar, mi amiga va entrecruzando letras y palabras para inventar las voces consonantes de sus coloridas muñecas de trapos. Mi amiga tiene una gran familia de muñecas de trapo de estilo clásico convencional.

Mi amiga acostumbra enseñarles el cielo a sus muñecas. Boca arriba se tumba en la umbra de su patio rodeado de todas sus muñecas. Cada vez que nace una, le muestra el norte de la Estrella Polar, Sirio y la Luna, Antares y Orión… Y las va nombrando una a una y las reparte entre cada una de ellas. Ha hecho tantas muñecas que parecen que las estrellas del cielo ya no alcanzarán para las demás. Pero no importa, sí se le terminaran las estrellas, seguro que su imaginación inventará otras nuevas.     

  Salomé y Anastasia


Salomé y Anastasia se van de viaje. Acaban de nacer y el mundo les abre sus dimensiones. Paquetes de sueños se repartirán por los caminos andariegos. En sus ojos vivarachos fulguran esperanzas. Van preparadas, llevan sus certificados de nacimiento. Su Madre Creadora hilvanó ensueños en cada puntada de sus formas. Cada costura lleva un mensaje de bondad, alegría, paz y amor por lo humano, cada tonalidad encierra un sentido de vivir. Van a la mitad del mundo a ver las estrellas de las dos porciones. Sofi y Pao impacientes las esperan. Sofi no sabe que Anastasia le lleva una cesta de sonrisas andinas con todos los colores de Santa Rosa; que colocará en sus manitas las brisas del Albarregas y el perfil de la cara del Indio que vio por la ventana al nacer. Sofi presiente que una muñequita dorada la acompañará de por vida y ya le está llenando de colores en sus dibujos; que se convertirán en amigas íntimas mientras exploran juntas sus mundos de ensueños y aventuras. Por eso, le diseñó su casita de madera y su mascota de pelos pardos. Espera algo con ansias sin saberlo. Pao… 

sábado, 9 de abril de 2022

 

Palabras, frases, mitos y leyendas

Para Orlando, Jr.

 

En nuestro hogar nunca faltaron las palabras raras, las frases aleccionadoras, las historias de fantasías con seres fantasmagóricos del imaginario popular con las que nuestros padres nos entretenían y controlaban. Bañarse un Viernes Santo después de las tres de la tarde era exponerse a que la piel se recubriera de escamas de manamana; menos aún en el cauce de los ríos, donde algunas veces nos bañábamos, porque “Se podrían convertir en pescaos”, nos decían. Recuerdo como mi querida Madre me protegía de una posible indigestión después de las comidas con su consejo de no leer después de las mismas. También me insistía: “Hijo, no aguante tanto sol porque le puede picar un tabardillo”; aunque jamás entendí su significado cuando pequeño, atendía su solicitud diligentemente. Al igual que jipato y chimbombo; cuando uno dormía un poco más de la cuenta, parecía que se le hinchaba la cara y nos decía: “Levántese ya, que se va poner jipato y chimbombo”. Al enterarse de la enfermedad de un vecino manifestaba con jocosidad que había que tener mucho cuidado porque “Cuando la pata se hincha, la sepultura relincha”. De noche era prohibido saltar por encima de las fogatas que se hacían para correr los zancudos, porque era casi seguro que amanecía mojada la hamaca. La borra del café no se podía pisar por la mavita que le caería a la familia; me la mandaban a botar en la pata de las matas lejanas. Con la asomada del primer trueno y relámpago con la tormenta que se avecinaba, Mamá corría a tapar el único espejo que teníamos con una sábana o toalla mientras replicaba a viva voz con un “¡Santa Bárbara bendita!”; tal recomendación de Benjamín Franklin se extendió hasta nuestro lar. Mientras, Papá preparaba su cruz de cuchillos para desviar la tormenta hacia otra región; algunas veces la pegaba. Si la tormenta no cedía, Mamá pelaba por la Vela de la Candelaria y nos encomendaba a todos los santos con su catajarra de plegarias. Cuando Alex y Néstor me iban a buscar para emprender nuestro acostumbrado paseo sabatino por el Malecón de la Orilla de San Carlos, me encomendaba a todos las santidades con las siguientes expresiones: “José Gregorio bendito me lo bendiga y favorezca, San Marcos de León me lo libre de los malos peligros, la Virgencita de Coromoto me lo lleve por el buen camino…”. Sí la chupita entraba a la casa, un familiar nos visitaría; con la caída del cuchillo se esperaba un caballero, o una dama si era la cuchara; el tenedor quedaba para las bromas, y sí coincidía con la entrada de un caballero, surgían los comentarios. Cuando el canto del guaco resonaba por más de tres veces, inmediatamente sentenciaba: “¡Ave María purísima!, ese pájaro de mal agüero trae mala seña”; y recordaba con tristeza cómo el pájaro avisó tres días antes la lamentable pérdida de Ramoncito, mi hermanito menor. Sentimos el rondar nocturno de La Llorona y El Ánima Sola por el patio de la casa con los lastimeros aullidos de los perros; cuando percibíamos su “¡Ave María purísima! entremezclados entre susurros con otros ruegos, nos enrollábamos con rapidez en la hamaca aunque el sofoco nos sancochara toda la noche. Nos comentaba que en esos momentos ni por un pienso se nos ocurriera mirar por las rendijas de las paredes hacia la oscuridad del patio. Las oscurantinas nocturnas siempre limitaron nuestras visitas al patio después de las ocho; no olvido las erizadas de piel cuando el mínimo bamboleo del matorral se transformaba en toda clase de visiones que cobraban vida en nuestra infantil imaginación.

En nuestro rancho de la Calle el Tubo también se entretejieron historias interesantes. En esos días sólo disponíamos de un bombillo para alumbrar su interior, así que el patio permanecía en completa penumbra cuando la vecina apagaba el suyo. Una que recuerdo en particular, era la del “aparecío” en el fondo del patio bajo el amparo de sombras nocturnas. Algunas veces se mostraba como una tenue luciérnaga que se movía en el mismo sector del patio; otras, era una difusa y fugaz silueta que surgía entre las sombras del patio vecino de la vieja Ramona, se paseaba por el nuestro y se esfumaba hacia el solar lindante de la calle Aurora. Mis recuerdos no registran el comienzo de su primera aparición, pero un sábado Papá lo visualizó bien entrada la noche en nuestro patio paseándose levantado una cuarta del terreno. Desde ese momento, con la tajante certificación de Papá, nadie dudó de su existencia y traspasar la puerta trasera del rancho requería de un acompañante con mucho valor; a partir de entonces, los baños al final del solar se tomaron antes de la caída del anochecer. Sus apariciones resistieron la presencia del señor Matías, único curioso del pueblo, conocedor de las herramientas apropiadas, y experto en aplicar oraciones y ritos para  desarticular los conjuros previos del difunto enterrador, dueño del tesoro,  y en diseñar estrategias para enfrentar tales desconocidas e imprevistas fuerzas etéreas; quién en compañía de Papá y mi cuñado Nerio, pasearon la “aguja” a las doce en punto de la noche del Viernes Santo por todo el patio en búsqueda del indiscutible entierro. A pesar de que encendieron la vela de la candelaria para alejar los malos espíritus saboteadores del acto, de haber rociado con abundante agua bendita para la protección de los presentes el lugar preciso señalado por el vaivén de la aguja, de trancar el entierro con cruces de palma bendita para impedir su desplazamiento, el boquete que abrieron en la tierra a punta de barretón y pala sólo mostró un pozo de agua en el fondo a la luz del pabilo bendito. Fue quizás la mala intensión de uno de los presentes o la incredulidad de otro sobre la trascendencia del acto; tal vez la aguja no contenía suficiente azogue o el “fuerte” de plata vertido en su interior no estaba bien amalgamado; a lo mejor fue el mismo temor de enfrentar fuerzas desconocidas. No encontraron nada, ni siquiera carbón que diera a pensar que el tesoro fue convertido en el negro vegetal por los malos pensamientos de alguno de ellos; quizás el difunto no quiso cederlo a ninguno de los buscadores y lo corrió a otro lugar de los patios. También pensaron que no esperaron el tiempo requerido o cavaron en sitio equivocado. Mientras tanto Papá culpaba a Nerio de su incredulidad, y de que no se habían cumplido con los tres responsos previos requeridos para el descanso del alma del difunto, o de que no se confesaron con antelación para emprender la búsqueda. Lo cierto que es que el apetecido entierro se esfumó, se volvió sal y agua, y sirvió para acentuar nuestros temores a la hora de salir al patio a realizar las acostumbradas necesidades.

          Otro caso que llamó nuestra atención cuando muchacho, fue lo sucedido al niño vecino. Con sólo seis años, Alberto se había convertido en uno de los carajitos más traviesos de la calle. Aquel vivaracho, catirito, barrigón y bellaco muchacho estaba sentenciado con que algo le sucedería por sus continuas travesuras. Una noche durante el juego de "Cuarenta matas" salió disparado del oscuro escondite elegido a final de la calle El Tubo, como "alma que lleva el diablo", y quedó tendido frente al rancho; su cabello dorado se le convirtió en cenizo y de su blanca carita se escabulló la sangre. Cuando reaccionó, sus ojos saltones señalaban hacia la oscurantina de donde lo correteó un inmenso perro negro de ojos enrojecidos que soltaba llamaradas por el hocico. Tal suceso acabó con el conteo de las cuarentas matas y demás juegos nocturnos, por un tiempo, en nuestra calle.

          Cada año nos sometían a las purgas para eliminar parásitos y lombrices con frascos de vermífugo colombiano mezclado con frescolita, para enmascarar su nauseabundo olor; otras veces nos daban sal de epson o aceite de ricino con jugo de naranja a las seis de la mañana. La flema en el pecho nos la combatían con manteca de gallina que Mamá preparaba de los gallinas gordas recién sacrificadas, y que conservaba en un frasco de vidrio. El asma me la aplacaba Papá con tres cucharadas del mejunje preparado y vertido en un coco seco, después de tres meses de entierro bajo tierra en las fincas donde laboraba, y con cataplasmas de vaporub en la espalda y el pecho durante todo el día y la noche. A mi hermana Ara le arreglaban su mal carácter con tres guamazos en las piernas con ramas de verbena verde. Las picadas de avispas y abejas las solventaban con un parche untado de caraña o chimó; la insistente tos nocturna con una embarrada de querosén en el pecho. Para el enrojecimiento e infección de los ojos, Papá se aplicaba dos gotas de limón puro en cada uno; Mamá acondicionaba su negra y hermosa cabellera con la pulpa de aguacates podridos untada por varias horas. Por supuesto, no faltó tampoco el infalible Mentol de caja rojiblanca para picaduras y afecciones respiratoria. La miel de abeja recolectada por Papá se consideraba una reliquia bajo resguardo, y era de vez en cuando que la saboreábamos con el mínimo malestar de garganta; para tales afecciones, también nos aplicaban tocamientos en la garganta con una gaza untada de azul de metileno para combatir su irritación.  Si no cedía, acudían al primer antibiótico existente en ese entonces para atacar las infecciones, en cuyo caso Mamá ponía a hervir durante quince minutos la inyectadora de vidrio con su respectiva aguja y nuestra hermana Conía no aplicaba la inyección de penicilina.

                           

Inyectadora de vidrio de Eliconida en su trabajo de enfermería en El Batey. Al fallecer, Mamá la hereda; Nerio Viejo es su actual depositario.

Mi Viejo, fogueado en labores campestres y profundamente compenetrado con su mundo mágico natural, dependía de las bondades terapéuticas del campo para solventar los quebrantos de salud de nuestra familia. Convencido de las propiedades curativas del árbol Indio Desnudo, preparó con lujo de detalles el ritual recomendado para una dolencia que me aquejaba cuando pequeño, una hernia testicular. A los cinco años me la trataron mediante un ritual. Papá hizo la respectiva solicitud al Indio Desnudo con una oración: “buenos días indio desnudo, con mucho respeto le pido un poco de su ropaje para curar una dolencia de mi hijo…”; acto seguido, colocó mi pie sobre el tronco del árbol, y con el cuchillo recortó parte de la corteza con la forma y tamaño de mi planta. La plantilla obtenida la colgó de un alambre sobre el fogón de leña para que secara con el humo y calor. Se creía que a medida que fuera encogiéndose la plantilla, ocurriría lo mismo con mi hernia. Así que, cada cierto tiempo revisaba mis testículos a medida que la plantilla se encogía. Parece que funcionó.

  
                  Funcionarios de Malariología de los años cincuenta.

En el monte, en las fincas surlaguense, cada vez que en la lejanía del camellón visualizábamos la silueta grisácea con casco plateado del inspector de Malariología sobre su fornida mula, sentíamos nudos en la garganta con sólo pensar como tragar la dosis de pastillas de quinina que nos correspondía ese mes, para la prevención del paludismo; aunque también nos animaba el exquisito caramelo con el cual nos premiaban posteriormente. Funcionarios que también se encargaban de rociar las viviendas con DDT para controlar el mosquito transmisor.


miércoles, 2 de marzo de 2022

 

Mukumbarí: 
El ascensor de la Sierra más largo y alto del Mundo 
(Primera parte)

Orlando B. Escalona T. 
Gregoria Cabral


Fig. 1 La majestuosidad de la sierra se retrata en esta postal.

Mukumbarí, “lugar donde duerme el Sol” en lengua originaria para designar a la majestuosa Sierra Nevada (figura 1), despierta hoy como el ingenio mecánico en su tipo, técnicamente más elaborado del planeta. Ya entró en funcionamiento el nuevo sistema teleférico que cada día nos acerca más a la cima de las altas cumbres andinas para contemplar de cerca las Cinco Águilas Blancas de Don Tulio Febres Cordero, que “vinieron del cielo estrellado en una época muy remota”, “…revolotearon por encima de las crestas desnudas de la cordillera, y se sentaron al fin, cada una sobre un risco, clavando sus garras en la viva roca; y se quedaron inmóviles, silenciosas, con las cabezas vueltas hacia el Norte, extendidas las gigantescas alas en actitud de remontarse nuevamente al firmamento azul”, originándose así cinco enormes masa de hielo, los picos: Bolívar, Humboldt, Bonpland, La Concha y El Toro.

    Totalmente reconstruido por el Gobierno Bolivariano. Desde la estación Barinitas a 1.578 m s.n.m (figura 2.a) en la ciudad de Mérida, Venezuela, inicia su recorrido hasta el Pico Espejo ubicado a 4.765 m s.n.m en el Parque Nacional Sierra Nevada de la Cordillera Andina. En sus modernos funiculares (cabinas) se asciende 3.188 m a lo largo del sistema de guayas de 12,5 km de longitud a la velocidad promedio de 9 m/s (32 km/h), haciendo escala en cuatro tramos con sus respectivas estaciones de trasbordo (La Montaña, La Aguada, Loma Redonda y Pico Espejo).

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